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Arte budista – El loto

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El loto

Loto, tela

Presente en todas partes, siempre admirablemente celebrado por el talento de los artistas asiáticos, la flor de loto es un símbolo central en el arte budista. Muy pronto, se impuso en el arte de los primeros talleres indios donde, al principio, estuvo ligado al nacimiento de Buda. Junto con el caza moscas y el vaso, el loto se convierte en uno de los atributos de los bodhisatva, sobre todo de Avalokiteshvara, el bodhisatva de la compasión por excelencia.

Por el color dorado que se le presta con frecuencia en la literatura budista, por su forma plenamente abierta, el loto es un motivo luminoso y resplandeciente que mantiene afinidades con la rueda y el parasol, otros de los atributos reales asociados a Buda.

Elemento decorativo, Norte de India

Allí donde esté el loto hay belleza, pureza, luz, homenaje u ofrenda. Allí donde esté el loto reside lo sagrado. Esta flor se convierte en receptáculo de lo perfecto : el trono o asiento de santidades, el suelo que acoge sus pasos, el dosel qe les protege, la aureola que les rodea.

En numerosas metáforas poéticas, la literatura budista designa al loto como símbolo de la pureza y la incorruptibilidad. Estas cualidades se atribuyen también a los seres realizados. Las impurezas del agua fangosa nunca afectan al loto ; las ansias del deseo que avivan sin cesar el remolino del ordinario nunca afectan al espíritu de los sabios. Su sabiduría y compasión se abren al mundo, sin ser mancilladas por sus tormentos : «Del mismo modo que puede germinar y florecer un aromático loto en la basura, así, entre los ofuscados, deslumbra en sabiduría el discípulo que sigue al Perfecto Iluminado » Dhammapada 58/59.

Târâ, Tibet, siglos XV –XVI
Târâ, Tibet, siglos XV –XVI

Fuente: Museo Guimet

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