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El budismo, el amor y la poesía española en la vida de Leonard Cohen

Viernes 9 de septiembre de 2016, por Stefania Mitrofan

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Enamoró a Judy Collins y conquistó a Janis Joplin. Se ganó la admiración de Bob Dylan, que dijo que si no fuera él, habría sido Leonard Cohen. Fue interceptado por Lou Reed, antes de ser famoso, para felicitarlo por su entonces desconocida novela Beautiful Losers. Ahora, a sus 82 años, y en el contexto del lanzamiento de su nuevo disco, You Want It Darker, que saldrá al mercado en septiembre, repasamos la historia detrás de Suzanne, su relación con el budismo y la profunda conexión que tuvo con el poeta Federico García Lorca.

 

Fue una noche de invierno, en Montreal, cuando Leonard Cohen conoció a Suzanne, la mujer que luego inspiraría una de las canciones más icónicas, de esas que siguen atrayéndonos una y otra vez, envuelta en un lenguaje tan denso y hermoso que, incluso para el mismo creador, pareciera haber salido de alguien más… O de algo más.
 
"He leído en algún sitio que nosotros no producimos pensamientos, que los pensamientos llegan espontáneamente y entonces, fracciones de segundo después, tomamos posesión de ellos. En ese sentido nadie tiene un pensamiento original. Pero los pensamientos originales surgen, y nos los atribuimos", dice Cohen.
 
- Entonces, ¿no escribiste Suzanne o So Long, Marianne o Sisters of Mercy, sobre mujeres a las que conocías, sino que eran pensamientos externos cuyos derechos de autor te atribuiste?, pregunta Sylvie Simmons, autora del libro Soy tu hombre.
 
- Einstein fue lo bastante modesto para decir que su teoría de la relatividad le vino de afuera. Nos gusta pensar que hacemos esas cosas, pero en realidad la cosa surge y nosotros la explicamos como si fuera nuestra.
 
- ¿Sigues en contacto -insiste Simmons- con las mujeres que han inspirado tus canciones?
 
- Salvo Suzanne Villancourt, con la que no me he tropezado en los últimos treinta años, estoy en contacto con la mayoría de mis amigos, tanto hombres como mujeres.
 
La historia que dio forma a la canción que sería parte del primer disco de Cohen tuvo su inicio por accidente. Suzanne se tropezó con el poeta y lo invitó a ir a su casa junto al río, donde le sirvió té con trocitos de cáscara de naranja. “Y los barcos pasaban, y yo toqué su cuerpo perfecto con mi pensamiento, porque no había ninguna otra posibilidad. No había ninguna otra forma de tocar su cuerpo perfecto en aquellas circunstancias. Así que ella me dio el nombre de la canción”, comentó el poeta en una entrevista.
 
Suzanne takes you down

To her place near the river

You can hear the boats go by

You can spend the night beside her

Songs of Leonard Cohen 1967
 
En una carta del año 1967, Cohen le escribía a Marianne (musa de la canción So Long, Marianne) que por fin había cantado en Nueva York, donde la escena folklórica renovaba los aires desgastados y viejos de los Estados Unidos. “Todo cantante del que hayas oído hablar actuaba allí”, le escribe, “Judy Collins me presentó al público, más de tres mil personas. Logré cantar solo cuatro versos de Suzanne, con una voz increíblemente apagada, entonces paré y me limité a decir: Lo siento, es que no puedo hacerlo”.
 
No sería la primera vez que Cohen se rindiera ante una canción. Cinco años más tarde, en un recital que fue documentado por el cineasta Tony Palmer en “Bird on a Wire”, el cantautor canadiense se encerró en los camarines y rompió en lágrimas, excusándose ante sus amigos al decir que no podía sentir la esencia de “So Long, Marianne” y que la idea de tocarla, sin tener una conexión profunda e íntima, le parecía injusta. “Quería proteger sus canciones, no exhibirlas y prostituirlas para unos desconocidos que pagaban por ello en una intimidad artificial”, escribe la biógrafa de Cohen.
 
Años más tarde, con el ánimo de explicar su abatimiento y tedio durante los conciertos, Cohen precisó que no soportaba transmitir sus canciones incorrectamente. “Escribí las canciones para mí mismo y para unas mujeres hace varios años, y resulta curioso verse atrapado en ese esfuerzo original, porque aquí yo quería decirle algo a una persona y ahora estoy en una situación en la que debo repetirlo como un loro encadenado a su percha, noche tras noche”.
 
Es difícil imaginar a alguien tan sensible y riguroso cantando por repetición, sin sentir la presencia de esas miradas que alguna vez compartieron en Le Biestro, cuando el canadiense tuvo su primer contacto con Suzanne. “Más que la conversación, fueron nuestras miradas. Fue el más íntimo de los contactos, y completamente visceral. Estábamos presenciando al mismo tiempo las escenas mágicas que se desarrollaban en aquel momento, y en verdad parecía que cada uno de nosotros se encontraba en la longitud de onda del otro”, expresó la musa.
 
And just when you mean to tell her that you have no love to give her

Then she gets you on her wavelength and she lets the river answer

That you’ve always been her lover

Songs of Leonard Cohen 1967
 
Las enseñanzas del budismo
 
El 9 de agosto de 1996, cuando llevaba tres años viviendo en el monasterio, Leonard fue ordenado monje budista zen. En la ceremonia, se le dio un nuevo nombre: Jikan. Los años que allí pasó, viviendo una rutina controlada y sencilla, le dieron espacio y tiempo para reflexionar sobre uno los misterios que más ha circundado su obra: el amor. “Yo obtenía un amor maravilloso, pero no devolvía un amor maravillo. Era incapaz de responder al amor que me daban. Como estaba obsesionado con cierto sentimiento ficticio de separación, no podía tocar lo que se me ofrecía, y se me ofrecía en todas partes”.
 
Well you know that I love to live with you

But you make me forget so very much

I forget to pray for the angels

And then the angels forget to pray for us

Songs of Leonard Cohen 1967
 
Tres años más tarde, Leonard se dirigió a la cabaña de Roshi, su maestro. Se sentaron juntos en profundo silencio, hasta que el poeta lo rompió. “Roshi –le dijo– , tengo que irme. Voy a bajar de la montaña. Roshi le preguntó por cuánto tiempo. Leonard le contestó que no lo sabía. De acuerdo –le dijo Roshi–. Vete”.
 
Pero las enseñanzas de Ramesh, maestro de la tradición no dualista Vedanta, se imprimieron en el cuerpo y el alma de Cohen, quien un año antes de irse recibió una copia del libro Habla la consciencia, una sesión de preguntas y respuestas con Ramesh, publicado en 1992. A pesar de que su comprensión era solo intelectual, Cohen volvió a leerlo varias veces y más tarde declararía que “creía haberlo entendido mejor”, pero sin poder aliviar su tormento espiritual.
 
El fundamento de las enseñanzas de Ramesh consistía en que “hay una fuente suprema, Brahman, que lo ha creado todo y es también todo lo creado. Puesto que no existe más que esta única consciencia, no hay ningún yo o mí, ningún actor individual de ninguna acción, ningún pensador individual de ningún pensamiento, ningún experimentador de ninguna experiencia. Una vez que desaparece el sentido del yo, una vez que la persona entiende profundamente que carece de libre albedrío, de control sobre lo que hace y lo que le hacen, cuando no experimenta ningún orgullo personal por sus logros ni se siente personalmente ofendida por lo que le ocurre, entonces esa persona se funde con esa única consciencia o fuente”.
 
Ya a sus 71 años, después de haber publicado gran parte de sus novelas, poemas y álbumes, Cohen fue acosado por recuerdos de historias antiguas de uno de los textos más sagrados de la cultura hindú: el Bhagavad-gita. En entrevista con Lian Lunson, comenzó a relatar la épica de Aryuna, uno de los héroes del poema hindú Majabhárata, revelando cómo su vida en el monasterio lo seguía afectando, sensible y humanamente…
 
“Hay un momento hermoso, en el que el gran general Aryuna está en su carro, con todos los carros preparándose para la guerra; y al otro lado del valle ve a sus oponentes. Y entonces no solo ve a sus tíos, tías y sobrinos, sino a los gurús, a los maestros que le enseñaron, y ya se sabe cómo los hindúes veneran esa relación…Y los ve a todos, y Krishna, una de las expresiones de la deidad, le dice: ‘Nunca desenredarás las circunstancias que te han traído a este momento. Eres un guerrero, de modo que levántate, poderoso guerrero, con toda la consciencia de que ellos ya están muertos, igual que tú. Esto es solo un juego. Ha sido mi deseo el que te veas atrapado en las circunstancias que yo determiné para ti. De modo que levántate, noble guerrero. Levántate, abraza tu destino y tu suerte. Cumple tu deber”.
 
La influencia de Federico García Lorca
 
Cuando Cohen fue premiado con el premio Príncipe Asturias de las Letras 2011, aprovechó la instancia para recordar su adolescencia, aquellos años en los que ansiaba una voz que le permitiera desarrollarse en el mundo artístico. Para entonces, ya había estudiado a los poetas ingleses, conociéndolos a la perfección e, incluso, copiando su estilo en los poemas de su autoría. Sin embargo, no pudo encontrar su voz. Fue solo cuando, en una tienda de libros de segunda mano, curioseando en los estantes, se tropezó con The Selected Poems of Federico García Lorca. “Al hojearlo, se detuvo en el poema «Gacela of the Morning Market». El poema hizo que se le erizara el vello. Leonard había experimentado antes esa sensación oyendo el poder y la belleza de los versos leídos en voz alta en la sinagoga. Lorca era un español, un homosexual y un antifascista declarado, que había sido ejecutado por los nacionales cuando Leonard tenía dos años”, escribe Sylvie Simmons.
 
No es que Leonard copiara la voz de Lorca, más bien lo iluminó para que, a su modo, pudiera encontrar una voz singular, propia. Desde entonces, comenzó a escribir poemas en serio. “Cuando algo se decía de una manera determinada, parecía abarcar el cosmos. No solo en mi corazón, sino todo corazón estaba implicado, y la soledad se disolvía y sentías que tú eras esa criatura doliente en medio de un cosmos doliente, y que el dolor estaba bien. No solo estaba bien, sino que era el modo en que abarcabas el sol y la luna”, escribió Cohen.
 
With Annie gone

Whose eyes to compare

With the morning sun?
 

Not that I did compare

But I do compare

Not that she’s gone

«For Anne»

Selected Poems 1958-1968
 
Lorca era dramaturgo, rescataba antiguas canciones populares y, además, escribía “poemas oscuros, melodiosos, elegíacos y emocionalmente intensos, sinceros y al mismo tiempo automitificadores. Escribía como si la canción y la poesía participaran del mismo aliento”, escribe Symmons. Esta suma de cualidades mostró a Cohen un camino en el que su temperamento, depresivo y proclive a las costumbres gitanas, pudiera encontrar una suerte de romanticismo que luego se plasmaría, con delicada belleza, en las canciones de su primer álbum, “Songs of Leonard Cohen”.
 
Quizás Lorca es el único puente tangible entre Leonard Cohen y Chile, donde el poeta nunca ha cantado en vivo. Según la especialista chilena en folclor, Caro Chacana, “la poesía de Lorca, todo el romancero español, los versos, las décimas, está muy ligado a la poesía chilena, de modo que hay un puente, aunque sea lejano, entre nosotros y Cohen, porque aquí tenemos mucho romancero español, especialmente en las cuecas, en la poesía popular”.
 
El nuevo disco: You Want it Darker
 
Ya acostumbrado a sacar discos breves, el nuevo lanzamiento tendrá ocho canciones, una de las cuales se repite. Una de las composiciones ya fue dada a conocer, en un capítulo de la serie Peaky Blinders.
 
Sony Music, el sello que ha estado con Cohen por cinco décadas, se refiere al disco como un trabajo “inquietante, bellísimo, donde los pocos que lo han oído lo han calificado como una obra maestra y un clásico en la discografía de Cohen”.
 
Adam Cohen, hijo del poeta canadiense, produjo el álbum, el catorceavo en la carrera musical de su padre.
 

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