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18 juillet 2016, par Stefania Mitrofan

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La Fundación Tzu Chi

Viernes 13 de noviembre de 2015

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Con amor, compasión, alegría y dando desinteresadamente, tratamos de hacer realidad el mundo puro de Tzu Chi ayudando a los necesitados, dándoles alegría y eliminando el sufrimiento. Invitamos a toda persona de buena voluntad a cultivar un campo de bendiciones y a crear una sociedad de amor.

静思精舍

El 14 de abril de 1966, la Venerable Maestra Cheng Yen fundó la Sociedad de Méritos Tzu Chi en Hualien con el apoyo de treinta amas de casa, quienes ahorraron diariamente 50 centavos de sus gastos de compras para establecer un fondo de caridad. Su objetivo era proveer ayuda y asistencia a los pobres.

Durante los primeros cinco años, ayudaron a un total de treinta y un ancianos y enfermos de quince familias pobres. A medida que la noticia fue diseminándose, más y más personas comenzaron a participar y el programa ganó reconocimiento. La Sociedad se expandió mas allá de Hualien hacia otras partes de Taiwán, e incluso hacia otras islas cercanas.

Hoy, nuestra organización cuenta con más de cuatro millones de personas que la apoyan en el mundo. La oficina central está en Taiwán. En Estados Unidos hay siete divisiones con un total de setenta oficinas distribuidas por todo el país. Un corazón lleno de bondad, compasión, alegría y generosidad inspira los ideales de Tzu Chi. Por más de treinta años, Tzu Chi se ha concentrado en misiones de caridad, medicina, educación y cultura. En décadas recientes, Tzu Chi ha ampliado sus actividades; hoy en día también incluyen donación de médula, socorro internacional, conservación del medio ambiente y voluntarios de la comunidad.

La resolución de Tzu Chi

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Tzu Chi Foundation

Nosotros, los miembros de la Fundación Budista de Compasión Tzu Chi, nos comprometemos a ayudar a los pobres y educar a los ricos. Aceptamos reverentemente la enseñanza de Buda de "gran compasión hacia el prójimo y gran piedad para todos", y seguimos las instrucciones del venerable Maestro Yin Shun de "estar constantemente comprometida con el budismo y con todos los seres vivos".

Con amor, compasión, alegría y dando desinteresadamente, tratamos de hacer realidad el mundo puro de Tzu Chi ayudando a los necesitados, dándoles alegría y eliminando el sufrimiento. Invitamos a toda persona de buena voluntad a cultivar un campo de bendiciones y a crear una sociedad de amor.

Trabajamos en obras de caridad, medicina, cultura y educación con un espíritu de sinceridad, integridad, confianza y honestidad. Creemos en la igualdad de todos los seres vivos y en el Buda latente que reside en cada persona. Por medio de la caridad, los ricos pueden obtener bendiciones y alegría, mientras que los pobres pueden recibir seguridad y paz.

Tomando la compasión del Buda y la dedicación de la Maestra Cheng Yen como si fueran nuestras, tenemos mil ojos para ver los sufrimientos de este mundo y mil manos para ayudar. Podemos ayudar inmediatamente a aliviar el sufrimiento de otros seres cuando escuchamos sus voces, lo que no es diferente de Kuan Yin -el Bodhisattva de la Gran Compasión- quien tiene mil ojos para ver el sufrimiento en este mundo y mil manos para ayudar.

El Buda observa bondadosamente todos los seres vivos, como una benévola luz de luna, como la lluvia del darma que cae sobre la tierra reanudando montañas y campos. Nosotros tenemos personalmente que participar en obras de caridad y hacer buenas acciones con la fe y la mente correcta. Haciendo esto, esperamos comprender el verdadero significado del nacimiento, la vejez, las enfermedades y la muerte en esta vida; y la esencia de la formación, continuación, destrucción y el vacío de este universo. Planeemos y trabajemos juntos para poder sobrellevar las misiones de Tzu Chi y para dejar una memoria valiosa para las futuras generaciones.

Aprovechemos bien cada oportunidad porque el tiempo es efímero y la vida es corta. Plantemos buenas causas, para así obtener buenos frutos. Tenemos que aprovechar lo más posible nuestras vidas en este mundo.

Somos realmente muy dichosos por haber nacido como seres humanos. Tenemos que cultivar la sabiduría y las bendiciones diligentemente, llenar nuestra sociedad de amor y tratar de ser budistas fieles, con la fe y la mente correcta.

Por eso nos comprometemos a apoyarnos los unos a los otros con amor y sabiduría, y a caminar mano a mano en el trayecto de los Bodhisattvas.
Nuestros Objetivos: pureza en nuestras mentes, paz en la sociedad, un mundo sin catástrofes.

- Fundación Tzu Chi




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1 Mensaje

  • La Fundación Tzu Chi 27 de enero de 2010 02:59, por enzo

    Discurso del Dalai Lama
    en el premio Nobel de la Paz
    Hermanos y hermanas:

    Es un honor y un placer estar hoy entre ustedes. Me alegro realmente de ver muchos viejos amigos que han venido de diferentes rincones del mundo y de poder hacer nuevos amigos, a quienes espero encontrar de nuevo en el futuro. Cuando me encuentro con gente de diferentes partes del mundo, siempre recuerdo que todos nosotros somos básicamente iguales: todos somos seres humanos. Posiblemente vistamos ropas diferentes, nuestra piel sea de color diferente o hablemos distintos idiomas. Pero esto es superficial, en lo básico, somos seres humanos semejantes y esto es lo que nos vincula los unos a los otros. Además, es lo que hace posible que nos entendamos y que desarrollemos amistad e intimidad.

    Pensando sobre lo que podía decir hoy, he decidido compartir con ustedes algunos de mis pensamientos sobre los problemas comunes con los que todos nosotros, como miembros de la familia humana, nos enfrentamos. Puesto que todos compartimos este pequeño planeta, tenemos que aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y con la naturaleza. Esto no es solamente un sueño, si no una necesidad. Dependemos los unos de los otros en tantas cosas que ya no podemos vivir en comunidades aisladas, ignorando lo que ocurre fuera de ellas. Cuando nos encontramos con dificultades necesitamos ayudarnos los unos a los otros, y debemos compartir la buena fortuna que gozamos. Les hablo solamente como otro ser humano, como un sencillo monje. Si encuentran útil lo que digo, espero que intenten practicarlo.

    Hoy también deseo compartir con ustedes mis sentimientos con respecto a la difícil situación y las aspiraciones del pueblo del Tíbet. El Premio Nobel es un premio que ellos bien merecen por su valor e inagotable determinación durante los pasados cuarenta años de ocupación extranjera. Como libre portavoz de mis compatriotas cautivos, hombres y mujeres, siento que es mi deber levantar la voz en su favor. No hablo con un sentimiento de ira u odio contra aquellos que son responsables del inmenso sufrimiento de nuestro pueblo y de la destrucción de nuestra tierra, nuestros hogares y nuestra cultura. Ellos también son seres humanos que luchan por encontrar la felicidad y merecen nuestra compasión. Sólo hablo para informarles de la triste situación de hoy en día de mi país y de las aspiraciones de mi pueblo, porque en nuestra lucha por la libertad, sólo poseemos como única arma la verdad.

    La comprensión de que somos básicamente seres humanos semejantes que buscan felicidad e intentan evitar el sufrimiento, es muy útil para desarrollar un sentido de fraternidad, un sentimiento cálido de amor y compasión por los demás. Esto, a su vez, es esencial si queremos sobrevivir en él, cada vez más reducido, mundo en el que vivimos. Porque si cada uno de nosotros buscamos egoísticamente sólo lo que creemos que nos interesa, sin preocuparnos de las necesidades de los demás, acabaremos no sólo haciendo daño a los demás, sino también a nosotros mismos. Este hecho se ha visto claramente a lo largo de este siglo. Sabemos que hacer una guerra nuclear hoy, por ejemplo, sería una forma de suicidio; o que contaminar la atmósfera o el océano para conseguir un beneficio a corto plazo, sería destruir la base misma de nuestra supervivencia. Puesto que los individuos y las naciones están volviéndose cada vez más interdependientes, no tenemos más remedio que desarrollar lo que yo llamo un sentido de responsabilidad universal.

    En la actualidad, somos realmente una gran familia mundial. Lo que ocurre en una parte del mundo puede afectarnos a todos. Esto, por supuesto, no es solamente cierto para las cosas negativas, sino que es igualmente válido para los progresos positivos. Gracias a los extraordinarios medios de comunicación tecnológicos, no sólo conocemos lo que ocurre en otra parte, sino que también nos vemos afectados directamente por los acontecimientos de sitios remotos. Nos sentimos tristres cuando hay niños hambrientos en el Este de África. Del mismo modo, nos alegramos cuando una familia se reúne, después de una separación de décadas debida al Muro de Berlín. Cuando ocurre un accidente nuclear a muchos kilómetros de distancia, en otro país, nuestras cosechas y ganado se contaminan y nuestra salud y sustento se ven amenazados. Nuestra propia seguridad aumenta cuando la paz irrumpe entre las facciones que luchan enotros continentes.

    Pero la guerra o la paz, la destrucción o la protección de la naturaleza, la violación o el fomento de los derechos humanos y libertades democráticas, la pobreza o bienestar material, la falta de valores esoirituales y morales o su existencia y desarrollo y la ruptura o desarrollo del entendimiento humano, no son fenómenos aislados que pueden ser analizados y abordados independientemente. De hecho, están muy relacionados a todos los niveles y necesitan ser tratados con ese entendimiento.

    La paz, en el sentido de ausencia de guerra, es de poco valor para alguien que se está muriendo de hambre o de frío. No eliminará el dolor de la tortura inflingida a un prisionero de conciencia. Ni tampoco consuela a aquellos que pierden a sus seres queridos en inundaciones causadas por la insensata deforestación de un país vecino. La paz sólo puede durar allí donde los derechos humanos se respetan, donde la gente está alimentada y donde los individuos y las naciones son libres. La verdadera paz con nosotros mismos y con el mundo a nuestro alrededor, sólo se puede lograr a través del desarrollo de la paz mental. Los otros fenómenos mencionados anteriormente están igualmente relacionados. Así, por ejemplo, comprendemos que un medio ambiente limpio, riqueza o democracia tienen poco valor frente a la guerra, especialmente la guerra nuclear, y que el desarrollo material no es suficiente para asegurar la felicidad humana.

    El progreso material es por supuesto, importante para el avance humano. En Tíbet dimos muy poca atención al desarrollo económico y tecnológico y actualmente nos damos cuenta de que esto fue una equivocación. Al mismo tiempo, el desarrollo material sin un desarrollo espiritual puede causar también graves problemas. En algunos países se concede demasiada atención a las cosas externas y muy poca importancia al desarrollo interior. Creo que ambos son importantes y deben ser desarrollados conjuntamente para conseguir un buen equilibrio entre los dos. Los tibetanos somos siempre considerados por los visitantes extranjeros como gente feliz y jovial. Esto forma parte de nuestro carácter nacional, arraigado en valores culturales y religiosos que acentúan la importancia de la paz mental conseguida por medio de generar amor y bondad hacia todos los seres vivos, humanos y animales. La clave es la paz interior: si se tiene paz interior, los problemas externos no afectarán el profundo sentido de paz y tranquilidad. En este estado mental se pueden afrontar las situaciones con razonamiento y tranquilidad, mientras se mantiene la felicidad interior. Esto es muy importante. Sin paz interior, por muy confortable que sea la vida material, aún se estará preocupado, molesto o triste por diferentes circunstancias.

    Por lo tanto, está bien claro que tiene una gran importancia comprender la interrelación entre estos y otros fenómenos y considerar y tratar de resolver los problemas de una forma equilibrada que tenga en consideración los diferentes aspectos. Por supuesto, no es fácil. Peo el intentar resolver un problema tiene poco beneficio si actuando de esta forma creamos otros igualmente serios. Por tanto, no tenemos alternativa: debemos desarrollar un sentido de responsabilidad universal, no sólo en el aspecto geográfico, sino también con respecto a las diferentes cuestiones con las que se enfrenta nuestro planeta.

    La responsabilidad no descansa sólo en los líderes de nuestros países o en aquéllos que han sido elegidos para hacer un tabajo concreto. Está individualmente en cada uno de nosotros. La paz empieza dentro de cada uno. Cuando poseemos paz interior, podemos estar en paz con todos a nuestro alrededor. Cuando nuestra comunidad está en un estado de paz, esta paz puede ser compartida con nuestras comunidades vecinas. Cuando sentimos amor y bondad hacia los demás, esto no sólo hace que los demás se sientan amados y protegidos, sino que nos ayuda también a nosotros a desarrollar paz y felicidad interior. Y hay maneras en las que podemos trabajar conscientemente para desarrollar sentimientos de amor y bondad. Para algunos de nosotros, la forma más efectiva de hacerlo es a través de las prácticas religiosas. Para otros, pueden ser prácticas no religiosas. Lo importante es que cada uno de nosotros hagamos un esfuerzo sincero de tomar seriamente nuestra responsabilidad por los demás y por el medio ambiente. (.). Muchas gracias.

    Permítanme compartir con ustedes una corta oración que me da una gran inspiración y determinación:

    "Por tanto tiempo como dure el espacio
    y tanto tiempo como permanezcan seres vivos,
    hasta entonces, pueda yo también permanecer
    para disipar la miseria del mundo".

    Dalai Lama 1989

    Texto original en inglés:
    http://nobelprize.org/peace/laureates/1989/lama-lecture.html

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