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Envejecer, ¡qué suerte!

Lunes 30 de noviembre de 2015, por Alain Delaporte-Digard

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Imaginemos cómo sería no envejecer, ser jóvenes para siempre, bellos y en perfecta salud.

Vayamos más lejos: soñemos con la posibilidad de no morir.
¡Permanezcamos eternos!
¿Nos encontraríamos en una situación maravillosa?
A priori, sí.
Pocas personas desean morir en plena juventud y con
perfecta salud.
¿Es este estado la perfección?

Realmente, no. Sin el riesgo de morir, nada podría detenernos. Seríamos capaces de todos los excesos, todas las locuras, conducir el coche a velocidades vertiginosas, comer no importa qué y no importa cómo, y tantas otras cosas que progresivamente nos llevarían por caminos sin delicadeza ni sutileza. Caeríamos pronto en la arrogancia, como algunos jóvenes seguros de su creciente fuerza. Debido a nuestra insolencia ante la vida, estaríamos en un mundo espantoso, violento, despreciable. Una vida eterna en un mundo de orgullo, ¡qué infierno!

Afortunadamente que la muerte existe, para dirigirnos hacia la modestia, a la contención, a la fineza de gestos y pensamientos, para hacernos marchar por caminos más interiorizados. El vencimiento de la muerte nos empuja hacia la excelencia a cada instante.

Entonces, ¿la vejez?
Puede ser doloroso para algunas personas ver las arrugas surcando sus rosotros, constatar la caída del pelo, sentir el cuerpo acartonarse, redondearse, encorvarse. Sin mencionar las enfermedades y los sufrimientos asociados.

No todos somos iguales ante las marcas del tiempo en nuestro cuerpo. No obstante, la prevención no empieza cuando ya los años pesan sobre nuestras articulaciones, sino desde nuestra juventud. Una vida sana, con una espalda vertical, una alimentación ligera de calidad, sentimientos apacibles y relaciones humanas armoniosas son las mejores prevenciones al deterioro corporal. Un cuerpo y un espíritu flexible aportan serenidad. Tner una cara bonita con 20 años no requiere ningún esfuerzo, esculpir un rostro anciano que irradie belleza interior se convierte en una obra de arte.

El envejecimiento nos obliga a aceptar que la belleza y la juventud son pasajeras. Gracias a esta evolución natural, llegamos al corazón de los principios budistas de aceptación, humildad, atención, amor y respeto de esta vida tan frágil que forma parte de nosotros y nos rodea.

Así funciona la vida :
sin vejez ni muerte, no podría ser.

Con cariño
Alain Delaporte-Digard para www.buddhachannel.tv

Nota : Considerad este texto ligero como un guiño sobre un tema que podría ser ser tratado de una forma más doctrinal.

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