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Permanecer constantes en la vida como en el Go

Viernes 13 de agosto de 2010

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En la antigua China, el juego del Go era considerado un arte, junto con la música, la pintura, y la poesía, porque, observando una partida entre profesionales, se podía percibir la belleza, el sentido de la armonía, de la proporción, y de la estética del juego como una verdadera forma de arte.

Hace muchísimos años había un hombre llamado Yi Qiu. Como era el jugador de Go más hábil de su región lo apodaron “Go Yi Qiu”. Go Yi Qiu tenía una reputación muy elevada entre los jugadores de Go, y una gran influencia entre el público, así que un buen día un vecino muy envidioso tuvo la idea de arruinar su nombre.

Un tarde, mientras Yi Qiu estaba jugando Go, el hombre mandó a un músico para que toque el Sheng (un instrumento musical con trece cañas) cerca de él. Yi Qiu quedó tan distraído por la música melodiosa que perdió la partida.

Unos días después, mientras Yi Qiu estaba en pleno juego, se acercó una persona y comenzó a plantearle preguntas inútiles de los principios del juego. Yi Qiu se sintió tan aturdido que perdió de nuevo. En consecuencia, la gente comenzó a propagar rumores, y decía que el talento de Yi Qiu era mediocre y que era un charlatán. Estos rumores le causaron una pena inmensa y una gran aprensión.

Un hombre sabio, enterando de la situación, se presentó para defender a Yi Qiu ya que estaba seguro que la pérdida de su capacidad en el Go no indicaba mediocridad ni falta de habilidad.

Para alentarlo, el sabio le contó la historia de un hombre que fue una vez el matemático más grande del mundo. Un día, trabajando en un problema matemático, un gran ganso salvaje voló por encima de su cabeza, emitiendo un estridente ruido que lo hizo incapaz de resolver una ecuación simple.

“Esto no significaba que era débil en matemática –le dijo el sabio– falló simplemente por la distracción que causó el ave”.

Esta analogía aplicaba para los partidos perdidos por Yi Qiu; no era por la capacidad de sus adversarios, sino a por interferencias externas. Sus espíritus fueron distraídos por factores externos, en consecuencia, fueron incapaces de poder concentrarse en las matemáticas o en la partida de Go.

“Los pequeños peces que viven en las profundidades y en la oscuridad, no tienen ojos, sino que tienen un oído muy desarrollado. Deben concentrarse sobre su oído. Si lo analizas atentamente, se trata siempre de ser constante. Con el fin de hacer bien algo, debes permanecer constante y centrado sinceramente sobre tu concentración. No podemos tener éxito si tenemos el espíritu ausente, sin implicarse y sin concentración. En cuanto a los que se dicen estudiosos y simplemente leen en voz alta sin centrar su espíritu sobre el estudio, aunque oyen las palabras, no prestan atención. Sólo se engañan a ellos mismos y a los demás”, dijo el sabio.

Después de escucharlo, Yi Qiu siguió el consejo del hombre sabio: “permanecer constante”. Desde entonces Go Yi Qiu ganó cada partida y nadie que tuviera la intención de distraerlo lo pudo conseguir.

El Go, simple y profundo

La historia del Go se remonta a unos 4.000 años y sus reglas han permanecido prácticamente inmutables a lo largo del tiempo. El juego es probablemente originario de China o del Himalaya, y se dice que el destino del Tíbet se decidió sobre un tablero de Go cuando el gobernador budista, para evitar la batalla y el derramamiento de sangre, retó a sus agresores a una partida de Go.

Madera y piedra, círculos, líneas y rectángulos. Con estos simples elementos el Go ha evolucionado con paciente popularidad por cuarenta siglos. Miniatura del universo, el juego es tan simple que es profundo, tan profundo que muchos han consagrado sus vidas para dominarlo.

Cuenta la leyenda que un caminante vio a dos ancianos jugando al Go y se acercó y les preguntó: ¿Qué tiene de interesante ese juego, en el que no se hallan presentes ninguno de los placeres terrenales? Uno de los ancianos le respondió: Para el que mira con los ojos sólo verá un tablero de Go, pero para los que ven con el pensamiento, el Go es el centro del universo, y en él dos fuerzas dispuestas a disputarse la supremacía en una lucha cuasi eterna.

A jugar…

Gozado por quienes lo juegan y disfrutado por quienes lo aprecian sin ser protagonistas, el Go es un juego de estrategia y sus reglas son muy sencillas. Tal como el ajedrez, los jugadores enfrentan sus respectivas capacidades analíticas, pero en el Go la intuición juega un papel mucho más importante.

El Go es un juego de territorio. El tablero, marcado con una retícula de 19 x 19 líneas puede ser considerado como un territorio que tendrán que disputar los dos jugadores. Un jugador dispone de un número suficiente de piezas blancas, llamadas “piedras”, y el otro de piedras negras. El juego empieza con el tablero vacío y los jugadores, por turno, van colocando sus piedras, una cada vez, sobre los puntos libres. Negro juega primero, y las piedras se colocan en las intersecciones de las líneas, no en los cuadrados. Una vez puesta una piedra, ésta no se mueve. No obstante, las piedras pueden ser rodeadas y por tanto capturadas, en cuyo caso son retiradas del tablero como prisioneras. Los jugadores normalmente inician la partida marcando las zonas del tablero que pretenden convertir en su territorio.

Durante el desarrollo, las luchas entre grupos de piedras enemigas confieren gran dramatismo al juego, puesto que el resultado de estas batallas suele reflejarse en enormes intercambios de territorio.

Al final de la partida cada jugador cuenta un punto por cada intersección libre que tenga en su territorio, más un punto por cada piedra capturada. El jugador que sume más puntos es el ganador.

Capturar piedras es por supuesto una forma de hacer territorio, pero una de las sutilezas del Go es que la agresión no siempre es rentable. Las posibilidades estratégicas y tácticas son infinitas, y el juego siempre representa un reto y una diversión para jugadores de cualquier nivel.

Las personalidades de los jugadores se muestran muy claramente sobre el tablero de Go. El juego refleja las capacidades de los jugadores a la hora de equilibrar ataque y defensa, de hacer trabajar a las piedras de manera eficiente, de conservar la flexibilidad al responder a situaciones cambiantes, la elección del momento oportuno, el análisis exhaustivo de una posición y reconocimiento de las fortalezas y debilidades del enemigo.


Fuente: www.lagranepoca.com

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