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Samma Samadhi, Parte I- Por Ven. Ajahn Chah

Jueves 22 de noviembre de 2012, por Buddhachannel Es.

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Ven. Ajahn Chah
Samma Samadhi
Parte I

Echa un vistazo al ejemplo del Buda. Tanto en su propia práctica como en sus métodos para enseñar a los discípulos era ejemplar. El Buda enseñó los criterios de la práctica como medio acertado para deshacerse del orgullo, él no podía hacer la práctica por nosotros. Habiendo escuchado esa enseñanza debemos enseñarnos aún más a nosotros mismos y practicar por nosotros mismos. Los resultados surgirán aquí, no en la enseñanza.

La enseñanza del Buda sólo puede capacitarnos para obtener una comprensión inicial del Dhamma, pero el Dhamma no está todavía en nuestros corazones. ¿Por qué no? Porque todavía no hemos practicado, todavía no nos hemos instruido a nosotros mismos. El Dhamma surge en la práctica. Si lo sabes, lo sabes a través de la práctica. Si lo dudas, lo dudas en la práctica. Las enseñanzas de los Maestros pueden ser verdad, pero el escuchar simplemente el Dhamma todavía no es suficiente para capacitarnos a cumplirlo. La enseñanza simplemente señala el camino para alcanzarlo. Para alcanzar el Dhamma debemos tomar esa enseñanza y meterla en nuestros corazones. Aquella parte que sea para el cuerpo la aplicamos al cuerpo, aquella parte que sea para el discurso la aplicamos al discurso, y aquella parte que sea para la mente la aplicamos a la mente. Esto significa que tras escuchar la enseñanza debemos enseñarnos más aún a nosotros mismos a conocer ese Dhamma, a ser ese Dhamma.

El Buda dijo que aquellos que simplemente creen a los otros no son verdaderamente sabios. Una persona sabia practica hasta que es uno con el Dhamma, hasta que puede tener confianza en sí mismo, independiente de los demás.

En una ocasión, mientras el Venerable Sariputta estaba sentado, escuchando respetuosamente a los pies del Buda mientras exponía el Dhamma, el Buda se volvió hacia él y le preguntó,

“Sariputta, ¿crees esta enseñanza?”

El Venerable Sariputta contestó, “ No, no la creo todavía."

Este es un buen ejemplo. El Venerable Sariputta escuchó y tomó nota. Cuando dijo que no creía todavía no estaba siendo irreflexivo, estaba diciendo la verdad. Simplemente tomaba nota de esa enseñanza, porque todavía no había desarrollado su propio entendimiento de la misma, así que le dijo al Buda que todavía no creía – porque realmente no creía. Estas palabras casi suenan como si el Venerable Sariputta estuviera siendo grosero, pero en realidad no lo era. Dijo la verdad, y el Buda le elogió por ello.

“Bien, bien, Sariputta. Una persona sabia no cree fácilmente, debería pensar primero antes de creer.”

La convicción en una creencia puede tomar varias formas. Una forma se fundamenta en el Dhamma, mientras que otra forma es contraria al Dhamma. Este segundo camino es negligente, es una comprensión temeraria, micchaditthi, una visión equivocada.

Uno no escucha a nadie más.

Toma el ejemplo de Dighanakha el Brahmán. Este Brahmán sólo creía en sí mismo, no creía en los demás. Una vez que el Buda hizo una parada en Rajagaha, Dighanakha fue a escuchar su enseñanza. O se puede decir que Dighanakha fue a enseñar al Buda porque estaba decidido a exponer sus propias opiniones...

“Yo soy de la opinión de que nada me vale.”

Esta era su opinión. El Buda escuchó la opinión de Dighanakha y luego contestó,

“Brahmán, esta opinión tuya no te vale tampoco.”

Cuando el Buda le contestó de esta forma, Dighanakha se quedó perplejo. No sabía qué decir. El Buda lo explicó de muchas maneras, hasta que el Brahmán comprendió. Se paró a reflexionar y vio...

“Mm, esta opinión mía no es correcta.”

Al escuchar la respuesta del Buda el Brahmán abandonó sus opiniones engreídas e inmediatamente vio la verdad. Cambió en ese mismo instante y lugar, dando un giro completo, justo como si le diésemos la vuelta a la mano. Elogió la enseñanza del Buda de esta forma:

“Escuchando la enseñanza del Bendito, mi mente fue iluminada, tal y como el que vive en la oscuridad puede percibir la luz. Mi mente es como un cuenco volcado que ha sido puesto derecho, como un hombre que ha estado perdido y encuentra el camino.” En ese momento un cierto conocimiento surgió en su mente, en esa mente que había sido enderezada. La opinión equivocada se desvaneció y la opinión correcta tomó su lugar. La oscuridad desapareció y la luz brotó.

El Buda declaró que el Brahmán Dighanakha es uno que abrió el Ojo del Dhamma. Anteriormente, Dighanakha se aferraba a sus propias creencias y no tenía intención de cambiarlas. Pero cuando escuchó la enseñanza de Buda su mente vio la verdad, él vio que su aferramiento a aquellas opiniones era equivocado. Cuando el entendimiento correcto surgió fue capaz de percibir su entendimiento anterior como erróneo, por lo que comparó su experiencia con la de una persona que vive en la oscuridad y que ha encontrado la luz. Así es como es. En aquel momento el Brahmán Dighanakha trascendió su opinión equivocada.

Ahora debemos cambiar de este modo. Antes de que podamos desprendernos de las mancillas debemos cambiar nuestra perspectiva. Debemos empezar a practicar correctamente y practicar bien. Antes no practicábamos correctamente ni bien, y sin embargo pensábamos que éramos correctos y buenos igualmente. Cuando examinamos realmente el asunto nos enderezamos, como le das la vuelta a la mano. Esto quiere decir que “El que Conoce”, o la sabiduría, brota en la mente, con lo que es capaz de ver cosas de nuevo. Un nuevo tipo de consciencia aparece.

Por tanto, los practicantes deben practicar el desarrollar este conocimiento en su mente, que llamamos Buddho, El que Conoce. Al principio el que conoce no está ahí, nuestro conocimiento no es claro, verdadero ni completo. Este conocimiento es entonces demasiado débil para adiestrar a la mente. Pero entonces la mente cambia, o se invierte, como resultado de esta conciencia, llamada sabiduría o discernimiento, cosa que sobrepasa nuestra conciencia anterior. Ese “El que Conoce” anterior todavía no conocía completamente y por eso era incapaz de llevarnos a nuestro objetivo.

El Buda en consecuencia enseñó a mirar dentro, opanayiko. Mira dentro, no mires hacia fuera. O si miras hacia fuera después mira dentro, para ver la causa y el efecto allí. Busca la verdad en todas las cosas, porque los objetos externos y los objetos internos siempre afectan unos a otros. Nuestra práctica es desarrollar un cierto tipo de conciencia hasta que se hace más fuerte que nuestra conciencia anterior. Esto provoca que surjan la sabiduría y el discernimiento en la mente, capacitándonos para conocer claramente los funcionamientos de la mente, el lenguaje de la mente y los caminos y medios de todas las corrupciones.

El Buda, cuando abandonó su hogar por primera vez en busca de la liberación, probablemente no estaba realmente seguro de lo que hacer, muy parecido a lo que nos pasa a nosotros. Probó muchos caminos para desarrollar su sabiduría. Buscó maestros, como Dacha Ramaputta, yendo allí a practicar la meditación... la pierna derecha sobre la pierna izquierda, la mano derecha sobre la mano izquierda... el cuerpo erguido... los ojos cerrados... desprendiéndose de todo... hasta que era capaz de alcanzar un alto nivel de samadhi de absorción [1]. Pero cuando salía de ese samadhi sus antiguas ideas volvían y se aferraba a ellas igual que antes. Viendo esto, sabía que la sabiduría no había surgido todavía. Su comprensión todavía no había penetrado en la verdad, todavía era incompleta, todavía carente. Viendo esto, no obstante obtuvo algo de entendimiento – que esto no era todavía el total de la práctica – pero dejó ese lugar para buscar un nuevo maestro.

Cuando el Buda abandonó a su antiguo maestro él no le reprobó, hizo como hace la abeja que toma néctar de la flor sin dañar los pétalos.

El Buda procedió entonces a estudiar con Alara Kalama y obtuvo un nivel aún más alto de samadhi, pero cuando salía de ese estado Bimba y Rahula [2] volvían a sus pensamientos de nuevo, los viejos recuerdos y sentimientos surgían de nuevo. Todavía tenía lujuria y deseo. Reflexionando interiormente vio que todavía no había alcanzado su objetivo, así que abandonó también a ese maestro. Escuchó a sus maestros e hizo todo lo posible por seguir sus enseñanzas. Continuamente estudiaba los resultados de su práctica, él no hacía cosas simplemente y luego las desechaba por otras.

Incluso cuando se trataba de prácticas ascéticas, tras haberlas intentado se daba cuenta de que pasar hambre hasta ser casi un esqueleto es simplemente una cuestión del cuerpo. El cuerpo no sabe nada. Practicar de esa manera era como ejecutar a una persona inocente sin saber quién es el verdadero ladrón.

Cuando el Buda investigó realmente el tema vio que la práctica no es asunto del cuerpo, es asunto de la mente. Attakilathanuyogo (automortificación) – el Buda lo intentó y descubrió que se limitaba al cuerpo. De hecho, todos los Budas están iluminados en la mente.

Ya sea con respecto al cuerpo o a la mente, simplemente recházalos todos como Transitorios, Imperfectos y Sin-esencia – aniccam, dukkham y anatta. Son simplemente condiciones de la Naturaleza. Surgen dependiendo de factores de apoyo, existen por un tiempo y luego cesan. Cuando hay condiciones apropiadas surgen de nuevo; habiendo surgido existen por un tiempo, luego cesan una vez más. Estas cosas no son un “yo”, un “ser”, un “nosotros” o un “ellos”. No hay nadie ahí, simplemente sentimientos. La felicidad no tiene un yo intrínseco, el sufrimiento no tiene un yo intrínseco. Ningún yo puede ser encontrado, simplemente hay elementos de la Naturaleza que surgen, existen y cesan. Atraviesan este constante ciclo de cambio.

Todos los seres, incluyendo los humanos, tienden a ver la aparición como ellos mismos, la existencia como ellos mismos, y la cesación como ellos mismos. De esta manera se agarran a todo. No quieren que las cosas sean como son, no quieren que sean de otra forma. Por ejemplo, habiendo aparecido no quieren que las cosas cesen; habiendo experimentado la felicidad, no quieren el sufrimiento. Si se da el caso de que el sufrimiento aparece quieren que se vaya lo más rápidamente posible, pero mucho mejor si no surge en absoluto. Esto es porque ven este cuerpo y esta mente como ellos mismos, o que les pertenece a ellos, y por eso exigen a estas cosas que cumplan sus deseos.

Este tipo de pensamiento es como construir una presa o un dique sin hacer un desagüe para que pase el agua. El resultado es que la presa revienta. Y así es con este tipo de pensamiento. El Buda vio que el pensar de esta manera es la causa del sufrimiento. Viendo esta causa, el Buda la abandonó. Esta es la Noble Verdad de la Causa del Sufrimiento. Las Verdades del Sufrimiento, su Causa, su Cesación y el Camino que conduce a la Cesación... la gente se queda atascada justo aquí. Si la gente tiene que superar sus dudas es justo en este punto. Viendo que estas cosas son simplemente rupa y nama, o corporeidad y mentalidad, se hace obvio que no son un ser, una persona, un “nosotros” o un “ellos.” Simplemente siguen las leyes de la Naturaleza.

Nuestra práctica es conocer las cosas de esta forma. No tenemos poder para controlar realmente estas cosas, no somos realmente sus dueños. El intentar controlaras causa sufrimiento, porque no son realmente nuestras para controlarlas. Ni cuerpo ni mente son yo u otros. Si conocemos esto como realmente es entonces vemos claro. Vemos la verdad, somos uno con ella. Es como ver un trozo de hierro al rojo vivo que ha sido calentado en un horno. Está caliente por todas partes. Ya lo toquemos por arriba, por debajo o por los lados está caliente. Dondequiera que lo toquemos, está caliente. Así es como deberías ver las cosas.

Principalmente cuando empezamos a practicar queremos lograr, conseguir, conocer y ver, pero todavía no sabemos qué es lo que vamos a lograr o conocer. Una vez había un discípulo mío cuya práctica estaba llena de confusión y dudas. Pero él seguía practicando y yo continué formándole, hasta que empezó a encontrar algo de paz. Pero cuando finalmente se calmaba un poco se enredaba en sus dudas de nuevo, diciendo, “¿Qué hago ahora?” ¡Ahí está! La confusión surge nuevamente. Dice que quiere paz pero cuando la consigue, no la quiere, ¡pregunta qué debe hacer después!

Así que en esta práctica debemos hacer todo con desapego. ¿Cómo nos desapegamos? Nos desapegamos viendo las cosas claramente. Conoce las características del cuerpo y de la mente como son. Meditamos para encontrar la paz, pero haciendo esto vemos lo que no es apacible. Esto es porque el movimiento es la naturaleza de la mente.

Parte 2


Fuente:www.bosquetheravada.org

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