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Shantideva - Bodhisattvacharyavatara V: La vigilancia (Versos 36-70))

Martes 20 de julio de 2010, por Buddhachannel España

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Shantideva
Bodhisattvacharyavatara
Homenaje a los Budas y los Bodhisattvas.



V La vigilancia
[36] Con todo, para descansar la vista
puedo mirar a veces a mi alrededor,
y cuando alguien entre en mi campo de visión
debo mirarlo y decirle: «-¡Bienvenida!-».
[37]
En ruta, para verificar que no hay peligro,
debo mirar una y otra vez en las cuatro direcciones.
Cuando quiera detenerme para reposar,
debo volverme y mirar detrás de mí.
[38]
Habiendo verificado, adelante y atrás,
debo entonces ir, o bien, venir.
Al haber comprendido que ello es necesario,
debo actuar así en todas las ocasiones.
[39]
Tras haber preparado una acción, pensando:
«-Así debe tenerse mi cuerpo-»,
también, en el transcurso de [la] acción, hay que verificar:
«-¿Cómo se está mi cuerpo?-»
[40] Debo verificar enégicamente
que el elefante loco de mi espíritu,
sin perderse, se quede bien atado
al gran pilar del pensamiento espiritual.
[41]
Aquellos que buscan a cualquier precio la concentración,
no deben perderse ni siquiera un instante.
«-¿Cómo se comporta mi espíritu?-»:
así hay que examinar todo cuanto ocurre.
[42]
Pero, si en caso de miedo, fiesta religiosa u otra [ocasión]
no pueda hacerlo, debo actuar lo mejor [posible].
Igual, dicho está que en el momento de practicar la generosidad,
la práctica de la ética puede ser suspendida.
[43]
Quienquiera [que], tras reflexionar, haya emprendido una tarea,
debe, desde entonces, no pensar más en ninguna otra.
Guardando así sus pensamientos fijos,
debe acabar por cumplirla.
[44]
Actuando así, todo será hecho convenientemente;
si no, ninguna de las dos [cosas] será realizada.
Así, las perturbaciones secundarias, que están
desprovistas de vigilancia, no se acrecentarán más.
[45]
Hay que abandonar todo apego
cuando me involucro en actividades diversas,
como los parloteos, varios e inútiles,
o todo tipo de espectáculos coloreados.
[46]
Si, sin razón, me pongo a escarbar la tierra,
a dibujar sobre ella, o a arrancar hierba,
recordándome las instrucciones de los Sugatas,
espantado, debo inmediatamente cesar.
[47]
Cuando sienta la gana de moverme
o de decir alguna[s] palabra[s],
me es menester primero examinar mi espíritu;
luego, firmemente, hacer lo que conviene.
[48]
En el momento en el que, en mi espíritu, el apego
o el deseo de airarme sobrevengan,
no [les] debo dar seguimiento, ni en acción ni en palabra,
pero debo entonces quedarme imperturbable.
[49]
En el momento en que sobrevenga la distracción,
la tentación de mofarme, el orgullo o la fatuidad,
la gana de exponer las faltas de los demás,
el deseo de engañarlos, o la hipocrecía;
[50]
en el momento en que anhele recibir elogios,
o cuando quiera criticar a los demás,
cuando intente decir [algo] malo o provocar la disputa,
entonces, debo permanecer imperturbable.
[51]
Cuando desee bienes, honores o celebridad,
cuando desee tener domésticos y un círculo [de allegados],
en le momento en que mi espíritu desee hacerse servir,
debo entonces quedarme [como] de palo.
[52]
Cuando desarrolle el deseo de entrevistarme
con aquellos que se han desviado del bien de los demás
y que no buscan más que su propio bien,
debo entonces quedarme [como] de palo.
[53]
En el momento en que surgen la impaciencia, la impudicia,
la resistencia debida a la pereza, el discurso descosido,
el pensamiento que se aferra a lo que mío es,
debo entonces quedarme [como] de palo.
[54]
Tras haber analizado las perturbaciones
y los inútiles esfuerzos proveídos por el espíritu,
el Héroe debe entonces estabilizarlo,
por [medio de] la aplicación de los antídotos.
[55]
Determinado y de fe lleno,
estable, respetuoso y cortés,
conocedor de la vergüenza, el temor y la paz,
hay que esforzarse por hacer felices a los demás.
[56]
No hay que dejarse desalentar por los caprichos [repentinos]
de aquellos iguales a críos peleones,
pero [debo] comprender que vienen de las perturbaciones,
y mostrarme afectuoso para con ellos.
[57]
Por su propio bien y el de los otros,
hay que involucrarse en acciones virtuosas.
sabiendo que todo es como una aparición, sin orgullo,
siempre hay que guardar en mano el espíritu.
[58]
Pensando una y otra vez que ha sido menester de largo tiempo
para obtener esta disponibilidad suprema,
hay que mantener su espíritu
inmutable como el monte Meru.
[59]
Si, cuando este cuerpo es despedazado aquí, allá,
por buitres ávidos de carne,
tú, espíritu, no te hace desgraciado ello;
¿por qué, ahora, lo sirves con tanto cuidado?
[60]
Tras haber tomado este cuerpo por «tuyo»,
espíritu, ¿por qué lo proteges?
Si tú y él son dos,
¿de qué podrá servirte?
[61]
Tú, espíritu obnubilado, ¿por qué
no tomar como forma, madera, bien limpia?
¿para qué vigilar esta máquina pútrida,
que es un amontonamiento de impurezas?
[62]
Mentalmente, separa
primero, las capas de piel;
luego, con el arma cortante de la sabiduría
separa la carne de su red de huesos.
[63]
Tras haber abierto los huesos incluso,
inspecciónalos hasta la médula.
Hazte tú mismo este análisis:
«-¿Dónde se encuentra la esencia de todo aquello?-»
[64]
Si pese a tales esfuerzos
no ves allí ninguna esencia,
¿por qué, sin embargo, velas por este cuerpo
con tanto apego?
[65]
Si estas substancias no son consumibles,
si esta sangre no es bueno beberla,
si estos intestinos no son comestibles,
¿qué podría aportarte este cuerpo?
[66]
Después de todo, apenas es bueno de conservar
para alimentar a los chacales y los buitres.
de hecho, este precioso cuerpo humano que tenemos
no debe ser utilizado más que para acciones virtuosas.
[67]
Si, aunque, velas así por él,
¿qué harás cuando la muerte,
despojada de ternura, te lo robará
para darlo a los perros y los pájaros?
[68]
Si a un sirviente incompetente
no das ni siquiera vestidos y demás,
¿por qué te extenúas velando por esta carne,
puesto que pese a tus buenos cuidados tu cuerpo irá a otra parte?
[69]
«-Ya le he dado su salario, y hecho presentes,
que trabaje, ahora, por mi bien;
mientras no me haga favores
nada le daré-».
[70]
Hay que considerar a este cuerpo como un navío,
simple soporte para ir y venir;
que devenga, para realizar el bien de los seres,
en un cuerpo que atienda todos los deseos.


Fuente: http://sambodhi.iespana.es/

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