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Tu propio altar en casa

Jueves 15 de julio de 2010, por Buddhachannel Es.

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Aunque la práctica auténtica del Dharma es cosa de trabajar la mente, es importante para todo budista tibetano disponer en casa de un altar. No solo por mera devoción, sino porque supone un compromiso de mantenimiento, y el compromiso significa una semilla kármica: El simple hecho de tener un altar, cuidarlo, y comprometerse a realizar las prácticas básicas relacionadas con él significa generar karma negativo si uno no cumple con ese compromiso, pero también un importante avance positivo si se comprende su significado y se actúa con propiedad.

La estructura

Generalmente el altar se divide en dos niveles: Arriba está el Buda Sakyamuni y debajo los ofrecimientos, aunque también puede haber lugar para otras deidades, ofrecimientos que se colocan en otros puntos del altar, del mueble e incluso en otro lugar de la habitación, etc.

Buda Sakyamuni

La figura básica del altar es siempre el Buda Sakyamuni. Lo mejor es conseguir una figura, que se puede encontrar con relativa facilidad, pero ten cuidado de no confundirte entre distintos budas: Sakyamuni tiene su mano izquierda sobre el regazo y la mano derecha toca el suelo con la punta de los dedos. El tamaño dependerá de lo grande que vaya a ser tu altar. Por lo general, un altar doméstico no tiene por qué ser más grande que el ancho que ocupen los ofrecimientos que vayamos a colocar encima, con lo que un buda de unos 20 o 30 cm. de alto tal vez sea lo más apropiado, aunque de nuevo: depende de tí y del espacio que le quieras dedicar.

Es posible que detrás del Buda quieras colocar un thangka, aunque si el Buda es grande, tal vez no lo consideres necesario. También es posible colgar alguna tela bonita a modo de adorno -se suele decir que el amarillo es un color especialmente indicado-, o sencillamente reservar ese espacio para colocar (siempre por debajo de la cabeza del Sakyamuni) un par de thangkas más pequeñas de otras deidades. En las tradiciones tibetanas es muy habitual que este lugar esté ocupado por Tara Verde y Chenrezig.

Otros objetos de refugio

Como bien sabes, los objetos de refugio son el Buda, el Dharma y la Sangha. Los tres están representados en el altar. Como acabamos de ver, el Buda es la figura principal, pero más importantes todavía que el Buda son sus enseñanzas: el Dharma puede aparecer de forma simbólica a la izquierda del Buda, habitualmente como libro de enseñanzas o cualquier otro texto de importancia. Por ejemplo, puedes imprimir de forma bien bonita el Sutra del Corazón o el mantra de Chenrezig escritos en tibetano y plastificarlos. También puede ser alguna copia del Lam-Rim, sobre todo si tus maestros son Gelugpa. Sin embargo, lo más habitual es que los textos no estén sobre el propio altar, sino encima. Dado que lo importante no es el Buda mismo sino su enseñanza, éstas deben colocarse en el lugar más alto de la habitación. Puede ser encima del propio altar, pero también en cualquier otro sitio, siempre muy alto, por encima de cualquier otra cosa.

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Thangka

En cuanto a la Sangha, es decir todos los grandes maestros incluyendo deidades y protectores, suelen colocarse por debajo del Sakyamuni. Es posible que estén a la misma altura que los ofrecimientos que veremos a continuación, pero es muy recomendable que estén un poco elevados, y en algunos casos sí es muy apropiado que tengan lugares destacados por encima de los demás, como Chenrezig, Tara Verde y las deidades o protectores para los que hayas recibido la iniciación correspondiente.

Los ofrecimientos

Ahora sí, vamos a ver los ofrecimientos propiamente dichos. A los pies del Buda, sobre la mesa, deben colocarse estas ofrendas de izquierda a derecha:

1. Agua para beber
2. Agua para lavarse
3. Flores
4. Incienso
5. Luz
6. Perfume
7. Comida
8. Música (Opcional. En algunas tradiciones no se ofrece).

Estas ofrendas pueden realizarse de dos formas: Reales o visualizadas, es decir representadas por agua. Veamos primero cómo se ofrecen de forma real.

Ofrendas reales

El agua para beber y para lavarse se ofrecen igual reales o visualizadas; abajo veremos cómo debe ofrendarse el agua, ya que hay un procedimiento muy preciso. Un cuenco pequeño es suficiente, de metal o cristal, aunque el material es lo de menos con tal de que sea circular y bonito.

A continuación puedes colocar un pequeño grupo de flores, no te preocupes si son de tela, o como en la foto, un bonito loto artificial. No te preocupes si son flores de mentira, ya que lo importante no es el objeto físico tanto como la visualización de estar ofreciendo lo más precioso y agradable que te puedas imaginar. Imagina que el agua es perfectamente pura y cristalina, de temperatura agradable, y que ofreces una extensión vastísima de las flores más bonitas que jamás se pudieran imaginar. Todos los ofrecimientos deben visualizarse siempre así, como si tuvieras al Buda delante tuyo. Es importante hacerlo de esta forma, porque si no, los ofrecimientos de cada mañana serían como poner la mesa para comer, no tendría valor espiritual ni mental alguno y podrías estar generando karma negativo por hacer las cosas con dejadez o pereza.

Después de las flores -que pueden estar también delante del altar, en el suelo en jarrones o macetas- viene el incienso. Prepara un recipiente pequeño -puede ser uno igual que los que usas para el agua- y llénalo de arena o piedrecitas. Coje un par de varillas de incienso, las partes por la mitad, y las pinchas de forma que queden cruzadas unas con otras. Por supuesto, también puedes quemar incienso a los pies del mueble o en otro sitio de la habitación.

Ahora viene la luz, que es un ofrecimiento especial: La luz nos acompaña allá donde vayamos. Nos movemos por la casa, caminamos bajo el sol, etc y casi siempre nos está dando o estamos viendo algún tipo de luz. Una buena idea para generar méritos es ofrecer a los budas la luz cada vez que encendemos cualquier luz. Cuando entras en la habitación y pulsas el interruptor: “Om ah hum”. Cuando enciendes un fuego en la cocina: “Om ah hum”, etc. ATENCIÓN: Se ha dado demasiadas veces el triste caso de que toda una gompa se incendia por no vigilar las ofrendas de luz, que a menudo son de fuego. Aunque lo tradicional en los monasterios es usar lamparillas de aceite y puedes usar velitas en casa, por favor hazlo únicamente cuando vayas a estar presente. Si no vas a estar en la habitación, busca cualquier otra bombilla pequeña o adorno luminoso que sea bonito y pequeño, como esas lamparitas a pilas que se encienden y apagan pulsando sobre ellas, pero nunca fuego real. Recuerda que lo que estás ofreciendo es la luz, no el fuego ni calor. Es perfectamente válido adornar el altar con luces navideñas siempre que compruebes que es seguro.

La siguiente ofrenda es el perfume. Puede ser un cuenco de agua con unas gotas de aceite esencial (¡otra razón para no tener fuego al lado!), un ambientador pequeño y de aspecto agradable, o como en la foto, una velita aromática.

A continuación llega la ofrenda de comida. Puede ser representada por otro objeto, en este caso una bola de color blanco, pero es preferible poner comida de verdad. No debe ofrecerse cualquier comida. Es indicado poner alguna fruta, algún plato con galletas, “panchitos”, etc. Atención: Es extremadamente importante respetar esta comida, así que ten mucho cuidado si tienes algún animal que pueda comérsela o alguien que pueda pasar y picar: Esto es considerado como robarle a las Tres Joyas. Si estuvieras con un Buda, ¿le quitarías su comida?

Finalmente, la música. Puedes colocar un crótalo tibetano, que además tiene grabado en su interior las sílabas Om Ah Hum, o bien poner música en la habitación. Puede ser música de relajación pero es más apropiado que suenen mantras o cualquier otro sonido relacionado con el Dharma, como grabaciones de monjes recitando sutras, por ejemplo.

Hay una norma que debe recordarse siempre que se hagan los ofrecimientos, tanto reales como visualizados, y es que entre uno y otro debe guardarse la distancia “del tamaño de un grano de arroz”, según las enseñanzas, y siempre deben estar en linea recta, nunca en curva. La distancia del grano de arroz es para representar lo cerca que podemos estar de alcanzar la budeidad, y la linea recta simboliza el camino que vamos recorriendo vida tras vida hasta la Iluminación.

Por la noche deben retirarse las ofrendas, siempre en orden inverso:

Música: Apaga la música o coloca el crótalo de forma que el mantra de su interior mire hacia abajo.

Comida: Asegúrate de que no quedan migas, hojas u otros restos. Si la has colocado sobre un plato, llévatelo o bien déjalo boca abajo. Esta comida, una vez retirada, se considera bendecida por el Buda y ya puedes comerla o regalarla, pero tirarla generaría mucho karma negativo.

Perfume: Si es con agua, repite el mismo proceso que con las dos primeras ofrendas. Si no, con poner el ofrecimiento boca abajo es suficiente.

Luz: Limítate a apagarla.

Incienso: Las ofrendas de incienso sí pueden quedarse durante la noche.

Flores: Retira las flores del altar y deja el recipiente boca abajo o fuera del mueble. Las flores que tengas en el suelo u otros sitios de la habitación sí pueden quedarse ahí.

Agua: Se vacían los dos recipientes, por ejemplo en plantas o en alguna jarra que tengas especialmente para el altar, y luego se ofrece (a quienes no pueden beber, a los seres de agua, etc). Con un paño limpio que tengas especialmente para esto, limpia el cuenco haciendo tres círculos hacia la derecha y otros tres hacia la izquierda, para generar méritos. Los cuencos descansan boca abajo.

Ofrendas visualizadas

Las mismas ofrendas pueden hacerse simbolizadas por cuencos de agua. Recuerda siempre visualizar lo que estás ofreciendo; no se trata de llenar 8 cuencos con agua sin más.

Hay una metodología específica que debe seguirse. Algunos se hacen un lío al principio, así que presta atención:

Primero, coloca los ocho cuencos vacíos boca arriba y asegúrate de pronunciar el mantra Om Ah Hum. Al parecer, la energía sutil que se genera con los ofrecimientos no llega al Buda si se dejan los cuencos vacíos y no se dedican recitando el mantra. Una buena forma de no olvidarlo es repetir el mantra constantemente mientras montas el altar.

Llena el primer cuenco hasta el borde. Sujétalo con cuidado y vierte casi todo el contenido en el segundo cuenco. Ahora haz lo mismo del segundo al tercero, luego del tercero al cuarto, y así hasta que todos los cuencos tienen un poquito de agua cada uno. Ahora, rellénalos del primero al último de forma que el agua se quede a la distancia del tamaño de un grano de arroz del borde.

Con este llenado definitivo, recuerda visualizar mentalmente cada ofrecimiento en cada cuenco. Piensa en el agua pura y cristalina, en el aroma del incienso, lo agradable de la comida…

Para retirar los cuencos por la noche, vacíalos sin más de derecha a izquierda, y límpialos igual que se explicó arriba, dejándolos boca abajo.


Fuente: www.sanghavirtual.org


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