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Mettā – Filosofía y práctica del amor universal (Parte 3) - Por Ven. Acharya Buddharakkhita

Viernes 1ro de octubre de 2010, por Buddhachannel Es.

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Mettā – Filosofía y práctica del amor universal
Ven. Acharya Buddharakkhita



Contenido

Introducción

1. El Karaṇīya Mettā Sutta
2. Los antecedentes del Mettā Sutta
3. Tres aspectos de mettā
4. La ética de mettā
5. La psicología de mettā
6. a. Meditación de mettā
6. b. Meditación de mettā
7. Las bendiciones de mettā
8. El poder de mettā

Acerca del autor

3. Tres aspectos de mettā



El Mettā Sutta está compuesto de tres partes, cada una de las cuales se enfoca en un aspecto distinto de mettā. La primera parte (líneas 3 a 10) cubre aquel aspecto que requiere de una minuciosa y sistemática aplicación del amor benevolente en la conducta diaria de uno. La segunda parte (líneas 11 a 20) alude al amor benevolente como una técnica diferente de meditación o cultura de la mente que conduce al samādhi –consciencia superior inducida por la absorción. Y la tercera parte (líneas 21 a 40) subraya un compromiso total con la filosofía del amor universal y sus extensiones personales, sociales y empíricas –amor benevolente a través de todas las actividades corporales, verbales y mentales.

Mettā ha sido identificado como aquel factor específico que «madura» el mérito acumulado (puñña) adquirido a través de las diez vías para la adquisición de mérito (dasapuñña-kiriyavatthu) [1], como la práctica de generosidad, virtud, etc. Es mettā quien lleva a la madurez las diez exaltadas cualidades espirituales conocidas como «perfecciones» (pāramitā) [2].

De este modo, la práctica de mettā puede asemejarse a plantar un gran árbol, desde el momento en que la semilla es sembrada hasta el momento en que el árbol está pesadamente cargado con deliciosas frutas y expande ampliamente su dulce aroma, atrayendo miríadas de criaturas hacia él para disfrutar de su sabrosa y nutritiva generosidad. La germinación de la semilla y el crecimiento de la planta son ocasionados por la primera parte del sutta. En la segunda parte, el árbol, robusto y desarrollado, está totalmente cubierto con fragantes y bonitas flores, captando todas las miradas sobre sí.

Como modelo de conducta, el primer aspecto de mettā hace crecer nuestra vida como un árbol, provechosa, generosa y noble. Mettā, como meditación, genera ese florecimiento espiritual con el cual la vida entera de uno se vuelve una fuente de alegría para todos. La tercera parte contempla en esta imagen la fructificación de aquel proceso de desarrollo espiritual por medio del cual uno produce una aplicación ilimitada del amor espiritual que puede condicionar poderosamente a la sociedad en su conjunto y conducirnos a la cumbre de la realización trascendental.

La mente humana es como una mina que contiene una fuente inagotable de poder espiritual e insight [3]. Este inmenso potencial interno de mérito puede ser explotado en su totalidad solamente a través de la práctica de mettā, como es evidente en la descripción de mettā como aquella «fuerza maduradora» que madura los méritos inactivos. El Maṅgala Sutta dice que sólo después de que uno haya efectuado una elevada relación interpersonal (por la frecuentación de buena compañía, etc.), elige el entorno correcto para que los méritos del pasado fructifiquen. Este hallazgo de fruición es exactamente lo que hace mettā. La mera anulación de la mala compañía viviendo en un ambiente refinado no es suficiente; la mente tiene que ser cultivada a través de mettā. De ahí la alusión a la fructificación del mérito pasado.

4. La ética de mettā



Ética, en el contexto buddhista, es la recta conducta que trae felicidad y paz a la mente y nunca da surgimiento a remordimiento, preocupación o inquietud. Este es el beneficio psicológico inmediato. La recta conducta también lleva a un feliz renacimiento, permitiendo a un aspirante futuros progresos en el camino hacia la liberación espiritual. Además es la base para progresar en el Dhamma aquí y ahora. En otras palabras, el recto lenguaje, la recta acción y el recto sustento del Noble Óctuple Sendero del Buddha constituyen la recta conducta en el mejor de los sentidos.

La ética buddhista es doble: la práctica de ciertas virtudes (cāritta) y preceptos de abstinencia (vāritta). Cāritta es hallado en el Mettā Sutta de la siguiente manera:

Debe ser hábil, honesto y justo,
Apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo.
Contento, ha de ser fácil de sustentar,
Con pocas obligaciones, y de vida simple.
Tranquilos sus sentidos, que sea prudente,
Y respetuoso, sin apego a familias.

Vāritta es cubierto por el próximo gāthā:

Además, debe refrenarse de toda acción
Que de al sabio razón para reprobarle.

Cāritta y vāritta son así practicados a través del mettā expresado en la acción verbal y corporal; la felicidad interior y el deseo altruista resultantes son reflejados por el mettā de acción mental del aspirante, tal como lo encontramos en la conclusión de la estrofa:

Puedan todos estar bien y seguros,
¡Que todos los seres sean felices!

La ética de mettā, de este modo, no sólo proporciona bienestar subjetivo, o la oportunidad de progresar en el Dhamma aquí y ahora y de gozar de un feliz renacimiento en el futuro, sino también audacia y seguridad –abhayadāna y khemadāna.

Un análisis del patrón de comportamiento y rasgos recomendado por el Mettā Sutta para una interacción significativa, tanto en referencia a las personas individualmente como a la sociedad en su conjunto, nos provee de suficiente insight sobre las numerosas implicaciones del sutta para la salud mental.

«Habilidad» no es sólo mera eficiencia o destreza, sino hacer algo bien, considerando no causar inconvenientes a los demás. Ya que un hombre hábil puede volverse muy presumido, al practicante se le aconseja que sea «honesto y justo», mientras es «apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo» –en efecto, una perfecta síntesis y equilibrio de rasgos.

El que tiene «contento» es «fácil de sustentar». La frugalidad, por consideración a los demás, es un rasgo noble. Uno llega a mostrar refinamiento a tal punto que reduce sus propias necesidades como ejemplo para los demás y como forma de no incomodarlos. Más grosera y materialista se vuelve una persona, más aumentan sus necesidades. El criterio para juzgar la salud mental de una cierta sociedad es, de este modo, la disminución de necesidades, es decir, el elemento de la satisfacción.

Una vida materialista y egocéntrica está caracterizada no sólo por un incremento de las necesidades sino también por la «inquietud», proyectándose en la existencia con muchas obligaciones e hiperactiva, carente de moderación y autocontención. Mettā, que promueve el bienestar de todos, tiene que ser naturalmente construido sobre tales cualidades de sobrio humanismo como es reflejado en el hecho de tener unas pocas tareas significativas y selectas que conducen al máximo bienestar de todos.

Vivir una «vida simple», como expresión de mettā, implica una reorientación de nuestra perspectiva y conducta, incluso en nuestro mundo competitivo, ávido de placer y de mentalidad posesiva. Un hombre de vida simple es apacible, pero eficiente y efectivo, y posee contención sobre sus facultades sensoriales, siendo moderado, frugal y controlado. Para tal persona, la cultura mental a través de la meditación se torna natural y sin ningún esfuerzo: de ahí el atributo «tranquilo en sus sentidos».

Mettā en la conducta incluye el ejercicio de la «prudencia», es decir, sabiduría práctica. Es solamente la persona sabia y sagaz la que puede realmente practicar mettā en sus diversas formas en la vida diaria y en todas las modalidades de relación humana. El fariseísmo, que surge de la sensación de ser mejor o más devoto que otros, puede ser (y a menudo lo es) una máscara de práctica espiritual. Ser «respetuoso, sin apego a familias», de este modo, es un indicador para que la persona de mettā no se complazca con hipocresías de ninguna manera.

Además, al practicante de mettā se le aconseja «refrenarse de toda acción», incluyendo convenciones sociales, «por la cual un sabio pueda reprobarle», como la carencia de prudencia y decoro. No es suficiente conque uno sea bueno, también tiene que parecerlo, tanto en consideración de su propio bienestar como del de los demás. Una vida ejemplar debe ser vivida para beneficio de todos, para el bienestar de la sociedad.

Una persona que vive de esta manera, ahora se sumerge en el cultivo de la ilimitada mente de mettā mediante determinadas técnicas de meditación como está previsto en la parte restante del sutta.

Mettā también es llamado «paritta» –una fórmula espiritual capaz de salvaguardar nuestro bienestar, protegernos contra todo peligro y rescatarnos de la desgracia y el infortunio.

Los monjes no podían permanecer y meditar en aquel hermoso bosque provisto con todas las facilidades porque las deidades eran hostiles y tuvieron que abandonar el lugar. Al armarse con la protección del Mettā Sutta, que recitaron y meditaron durante todo el viaje, en el momento en que llegaban al lugar, las deidades ya estaban esperándolos plenas de sentimientos de amistad. La hostilidad se había convertido en hospitalidad.

La protección del paritta trabaja tanto subjetiva como objetivamente. Subjetivamente, a medida que mettā limpia y fortalece la mente, también despierta el potencial inactivo, resultando en la transmutación espiritual de la personalidad. Transformada por mettā, la mente ya no es obsesionada por codicia, odio, lujuria, envidia y aquellos otros factores contaminantes de la mente que son nuestro verdadero enemigo y fuente de infortunio.

Objetivamente, mettā, como fuerza del pensamiento, es capaz de influir en cualquier mente en cualquier lugar, desarrollada o no desarrollada. La irradiación de mettā puede no sólo calmar a una persona o remover los dardos del odio de su interior, sino que, en algunos casos, puede incluso curarla de una severa enfermedad. Es una experiencia común en los países buddhistas ver cómo la gente es curada de todo tipo de enfermedades y liberada del infortunio mediante la recitación del paritta. De modo que mettā es verdadero poder de sanación. En este sentido mettā actúa como paritta, una fórmula de sanación que proporciona protección.


Acharya Buddharakkhita, «Mettā - The Philosophy & Practice of Universal Love», The Wheel Publication N° 365/366, Buddhist Publication Society, Kandy, 1989. © 1989 by Acharya Buddharakkhita. Traducción y notas: Alejandro Ponce de León, Buenos Aires, 2000. Corrección: María Isabel Zapico. Revisión: 09-Abr-2006.

Fuente: http://appamadanet.webs.com

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