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Sa Dingding, la reina del pop budista, actúa en España

Martes 18 de mayo de 2010, por Buddhachannel España

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La mezcla de músicas tradicionales y religiosas asiáticas con pop y ritmos electrónicos ha convertido a la cantante Sa Dingding, de orígenes mongoles y ferviente budista, en una de las primeras artistas de China que triunfan en Occidente, incluida España, donde actúa esta semana.

De padre chino y madre mongola, esta joven de 26 años esconde en su menudo cuerpo una atronadora voz con la que interpretará, el próximo día 21 en el Joy Eslava de Madrid y el 22 en el festival Tres Culturas de Murcia, las canciones de su último disco, "Harmony", y las de "Alive", su anterior producción, de la que vendió dos millones de copias en Asia.

En "Harmony" la mayoría de las canciones son en mandarín, pero es conocida la afición de Sa por mezclar toda clase de idiomas en sus discos, en los que se atreve con el sánscrito, el tibetano, el mongol, la lengua de la minoría étnica china de los yi y donde incluye hasta lenguajes inventados por ella.

"Cada idioma tiene una melodía diferente, y puede transmitir emociones distintas", explica la bella Sa en una entrevista para Efe celebrada en las oficinas pequinesas de Universal Music, el sello que distribuye sus discos.

Varios acontecimientos determinarían durante su infancia su posterior carrera artística: sus años viviendo con los abuelos maternos en las praderas de Mongolia Interior, donde aprendió los embriagadores cantos de esa etnia, y el primer disco que le regalaron, de su gran ídolo, Michael Jackson.

Hechos como ésos se traducen ahora en la arriesgada apuesta de Sa por mezclar la tradición mongola, china, tibetana y los mantras budistas con la música pop, lo que, unido a unos espectaculares vídeos musicales y a un cuidadísimo vestuario, ha llevado a los críticos a encumbrar a la artista y apodarla como "la Madonna de Asia" o "la Björk china".

Sa reconoce que fue en el Reino Unido, el país donde se cuecen las modas de la llamada "música étnica", donde se fraguó su éxito: "Fue una gran oportunidad la de actuar en el Royal Albert Hall en 2008, después de ese espectáculo todo el mundo me buscaba", relata.

En aquel año, BBC le otorgó el World Music Award, estuvo nominada a los Grammy y grabó "Won´t Be Long" con Eric Mouquet, de Deep Forest, con el fin de recaudar fondos para los afectados por el terremoto que aquel año sacudió el suroeste de China.

Sorprendentemente, la fama internacional, que antes que ella sólo la habían conseguido en China la también "folk" Twelve Girls Band, no se refleja todavía en su propio país, donde es poco conocida y se la considera una artista extravagante por no dedicarse al mando-pop que reina en las listas de ventas locales.

"China es un gran mercado, pero necesito más tiempo para comunicarme con el público, para introducir mi trabajo", explica la joven.

"Harmony", su nuevo disco, lanzado en enero, ha sido producido por Marius de Vries, el hombre que está detrás de éxitos de gente como Björk, U2 o Annie Lennox.

Según Sa, es el resultado de haber conocido, en dos años de giras, más de 24 países y descubierto que lo importante es mantener la armonía entre los pueblos.

"En mi primer álbum quería expresar sentimientos de calma, motivar a la gente a pensar en religión y en su relación con el ser humano. En el segundo, la idea es transmitir felicidad con la música, expresar dicha y explicar que, cuando la gente es feliz, todo puede mejorar", cuenta en la entrevista.

Sa viaja para mostrar en el escenario todas estas ideas a España, un país en el que ya ha actuado en dos ocasiones y del que guarda buenos recuerdos.

"La primera vez en España participé en el WOMAD y fue una experiencia muy especial, pese a que mis músicos, por problemas de visado, no pudieron llegar y estaba sola yo con mi percusionista".

"Pensé que el concierto sin músicos saldría mal, pero todo el mundo disfrutó y me dio mucha confianza, me enamoré de la pasión española", cuenta.

Su pasión por las melodías y danzas tradicionales le ha despertado interés en el flamenco, un arte que según ella "está muy desarrollado y modernizado, mientras que la música tradicional china acaba de empezar ese camino".

La joven chino-mongola, que ya ha introducido en sus canciones ritmos de aires celtas y árabes, no descarta en sus productos futuros experimentar cómo sonaría una balada tibetana mezclada con cantes gitanos.

"Se pueden intentar muchas cosas, pero hay que ver cuáles se adaptan bien", reflexiona.


Fuente: EFE

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