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Jueves 17 de julio de 2014, por Buddhachannel Es.

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Hacer el voto del refugio en el Buda significa reconocer las cualidades búdicas que nos son inherentes. Hacemos el voto del refugio en nuestra propia iluminación intrínseca.

En estos tiempos hay mucha gente que lee libros sobre budismo, que practica la meditación budista y que aplica los principios budistas a su trabajo y a su vida personal. Si eres uno de los que se interesa por el dharma, puede llegar un momento en que quieras decidir si realmente eres budista o no.

La decisión formal de convertirse al budismo la marca la ceremonia del refugio, en el que uno hace el voto del refugio en las tres joyas: el Buda, el dharma y la sangha (la comunidad de practicantes budistas). Algunas personas que hacen el voto del refugio se preguntan más tarde si tomaron la decisión correcta, así que es importante sopesar seriamente si lo que uno quiere en la vida es convertirse al budismo. No se hace el voto del refugio por una temporada. Se supone que, cuando se hace el voto del refugio, es para siempre.

Hacer el voto del refugio implica cómo vamos a vivir la vida. Hacemos el voto del refugio porque hemos buscado por doquier un lugar donde podríamos estar contentos, donde podríamos reducir la ansiedad. Pero cuando miramos el mundo nos percatamos que no existe ningún lugar en el que podamos encontrar armonía o comprender la naturaleza de las cosas.

Hacemos el voto del refugio en el Buda porque emprendemos el mismo camino que él recorrió. El Buda vivió en un palacio y comía y bebía bien. Si en aquella época hubiera existido el cine, habría visto todas las películas. Hizo todo lo que había que hacer y, a pesar de eso, se dio cuenta que, de todos modos, algo no iba bien. Asi que, como el Buda, nos preguntamos “¿dónde nos está llevando la vida?” y, como el Buda, miramos dentro para comprender la mente.

Al hacer el voto del refugio en el Buda, tomamos al Buda como ejemplo. El Buda no es un dios: no se trata de una situación teísta en la que el Buda es bueno y nosotros malos, o en la que él manda y nosotros obedecemos. De hecho, el Buda somos nosotros. Somos Buda pero todavía no nos hemos percatado de nuestro estado búdico pleno.

El Buda se percató de que realmente no existe el ser. Cuando miró al ser, eso a lo que nos aferramos tanto, se dio cuenta que realmente no existe. Desde un punto de vista más amplio, no sólo vio más allá del ego personal sino que también superó la idea de los fenómenos externos. El Buda se dio cuenta de la ausencia de ego propia y ajena. Realmente superó todo el mundo de la dualidad: samsara y nirvana, existencia y no-existencia, eternalismo y nihilismo.

Asi que miramos al Buda con respeto y valoramos que nos mostrara cómo vivir la vida. Al hacer el voto del refugio en el Buda, nos protegemos de la confusión, del caos y del sufrimientos. Superamos la tendencia discursiva y las emociones conflictivas. Es muy personal. Nadie más puede identificar un pensamiento en tu lugar; nadie más puede lidiar con esa emoción en tu lugar. Uno tiene que trabajarlo por sí solo.

Cuando hablamos de hacer el voto del refugio en el Buda, nos referimos a las cualidades del Buda que nos inherentes. El Buda posee sabiduría, compasión y poder: sabiduría porque sabemos lo que estamos hacienda, compasión porque tenemos un corazón tierno y nos ocupamos de los demás y poder porque continuamos el recorrido. Lo llamamos naturaleza búdica. Hacemos el voto del refugio en nuestra propia iluminación intrínseca.

Esto nos conduce al dharma, que es el Segundo aspecto del voto del refugio. No importa tanto quién era el Buda como lo que expresó: la verdad, el dharma. El mensaje del Buda de que no existe el ser fue “una proclamación intrépida de la verdad”.

Cuando empezamos a meditar, descubrimos que siempre estamos pensando en cosas tales como a quién conocemos, de dónde venimos, qué vamos a hacer. Nos percatamos de que la idea que tenemos de quiénes somos está toda relacionada con los demás. Hemos creado esta identidad individual relacionada con los demás.

Así que en algún momento, cuando la mente se empieza a relajar y los pensamientos empiezan a desaparecer, nos entra un poco de miedo. Empieza a disolverse la sensación de límites que tenemos. No hay nadie a quien hablar. No hay nadie ahí. Nos percatamos que sólo nos estamos aferrando a una idea de quiénes somos; nos estamos aferrando a una conceptualización. De hecho, es conceptualización todo aquello con lo que nos involucramos. El proceso de meditación nos ayuda a darnos cuenta de la verdad del dharma. Así que ¿podemos ser tan intrépidos? ¿Podemos mirar lo que está ahí, o lo que no está ahí?

Cuando hacemos el voto del refugio en el dharma, no estamos siguiendo una senda marcada. Realmente tenemos que mirar dentro de nuestra propia mente y el dharma nos ayuda a eso. La verdad es constante, así que el dharma proporciona cierta estabilidad en la vida. El dharma actúa como protección; nos protege la mente y el corazón.

Por ultimo hacemos el voto del refugio en la sangha, la gente que está con nosotros en la senda. Quienes están en la senda son guerreros, porque están intentando vencer el samsara. Los socios de la sangha se apoyan unos a otros y cuidan unos de otros. No son perfectos pero nos inspiran porque son gente que quiere profundizar la práctica de prestar atención, darse cuenta y compasión. La sangha también es un recipiente. Cuando practicamos juntos, la sangha contribuye a nuestra disciplina. Nos percatamos que hay otra gente alrededor que pasa por el mismo proceso. Eso es alentador.

Estamos hablando de emprender una senda especial. Pero esta senda la han recorrido grandes practicantes antes que nosotros y ahora nos corresponde recorrerla. Debemos comprender que es perfectamente posible; no hay ninguna razón por la que no podamos recorrer esta senda. Sí, todos tenemos una situación personal o karma: algunos tendemos a ser un poco más perezosos, otros tendemos a ser más rígidos. Todos tenemos tendencias varias. Pero la verdad es siempre la misma. Es immutable en nosotros.

Ésa es la belleza del dharma: está completamente disponible. No necesitamos ninguna credencial concreta para comprenderlo. Por otro lado, tenemos que escuchar, meditar y contemplar. Tenemos que comprender lo que estamos haciendo. Tenemos que corregir las equivocaciones.

Hacer el voto del refugio no significa que consideramos verdad incuestionable las palabras de Buda. Debemos cuestionarnos las palabras del Buda. Tenemos que preguntarnos “¿Esto es real? ¿Funciona de verdad? ¿Tiene sentido?”. El Buda no dijo “voy a salvarte”. Dijo “cada uno tiene la capacidad de mejorar su situación. Uno tiene todas las capacidades. Corresponde a cada cual ponerlas en práctica”. En última instancia, ésa es la verdad en la que hacemos el voto del refugio.


-  Fuente: www.shambhala.cl




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