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El Hombre Mani, por Tony Karam

Lunes 11 de agosto de 2014

Langues :

"La vida simplemente da muchas vueltas, arriba y abajo como un molino de agua
Nuestras vidas son como sus cubetas, siendo llenadas y vaciadas reiteradamente.
Como el barro del alfarero, nuestras existencias físicas son moldeadas en una forma u otra:
Estas formas son rotas y remoldeadas una y otra vez..."



El Hombre Mani


Hace muchos años, vivió un hombre en la lejana provincia tibetana de Kham, llamado el “Hombre Mani” debido al hecho de que día y noche, podía siempre ser encontrado girando su pequeño molino de plegarias. El cilindro estaba lleno con rollos del mantra del Bodisattva Avalokiteshvara, Om Mani Padme Hung. El hombre vivía con su hijo y su fino caballo. El muchacho era el amor de su padre. Para su hijo, la fuente de orgullo y gozo era su caballo.

La esposa de este hombre había ya partido hacia mejores renacimientos tras una larga vida de servicio y virtud. Padre e hijo vivían libres de excesivas necesidades y deseos en una de varias casas de piedra cercanas a un río al borde de una gran planicie.

Un buen día, su caballo desapareció. Los vecinos lamentaron la pérdida del único valor material del hombre, pero para sorpresa de todos, el estoico viejo tan sólo continuó girando su molino de plegarias y recitando el sagrado “Om Mani Padme Hung”, el mantra nacional del Tibet. A quien fuera que preguntara o expresara sus condolencias en torno a la pérdida del bello caballo, simplemente le respondía: “den gracias por todo, ¿Quién puede decir lo que es bueno o malo? Veremos…”

Después de algunos días, la espléndida criatura regresó, acompañada por un par de mustangs salvajes, los cuales tanto el viejo como su hijo, prontamente domaron. Todos cantaban canciones de celebración y congratulaban al viejo por su inesperada buen fortuna. El hombre simplemente sonreía sobre su molino de plegarias y decía : “me encuentro agradecido… pero ¿quien sabe?, ya veremos...”

Más tarde, mientras su hijo montaba a uno de los mustangs, fue arrojado al suelo rompiéndose una pierna. Algunos de los vecinos lo cargaron a casa maldiciendo al caballo salvaje y lamentándose en torno a la mala fortuna del chico. No obstante, su padre, sentado al pie de la cama de su amado hijo, simplemente continuó girando su molino de plegarias, mientras susurraba la plegaria del gran compasivo. En ningún momento se quejaba ni renegaba en lo sucedido, simplemente asentía su cabeza afablemente reiterando lo que ya había dicho anteriormente: “el Buda es bondadoso, me encuentro agradecido por la vida de mi hijo, ya veremos”.

Al mes siguiente aparecieron en el pueblo, oficiales del ejército, buscando a jóvenes conscriptos para atender una guerra fronteriza. Todos los jóvenes locales fueron inmediatamente acuartelados, con excepción del hijo convaleciente del Hombre mani. Por esto, los vecinos felicitaron al viejo por su gran fortuna, atribuyendo el resultado, al Karma positivo acumulado por las plegarias del viejo hombre. Sin embargo, el Hombre mani meramente continuó sonriendo sin expresar palabra alguna.

Un día, mientras el joven y su padre observaban pastar a sus finos corceles en los pastizales de la gran planicie, el viejo taciturno súbitamente comenzó a cantar:

“La vida simplemente da muchas vueltas, arriba y abajo como un molino de agua.
Nuestras vidas son como sus cubetas, siendo llenadas y vaciadas reiteradamente.
Como el barro del alfarero, nuestras existencias físicas son moldeadas en una forma u otra:
Estas formas son rotas y remoldeadas una y otra vez.
Lo bajo será alto y lo alto será bajo, lo obscuro se iluminará y el rico perderá todo.
Si tú mi hijo fueras un muchacho de talentos extraordinarios, prontamente te llevarían al monasterio como un lama encarnado.
Si fueras muy inteligente, hijo mío, encadenado a las disputas de otras personas estarías tras el escritorio de una oficina gubernamental.
¡Un caballo es un caballo de problemas!
La abundancia material es buena, pero muy prontamente pierde su sabor y puede convertirse en una carga, e inclusive al final, en una fuente de conflicto.
Nadie sabe lo que nos depare el Karma, pero una cosa es certera, lo que hoy plantemos será cosechado en el futuro en esta o en nuestras subsecuentes vidas.
Así que sé bondadoso con uno y con todos, y no tomes preferencia basada en la ilusión de la pérdida y la ganancia.
No tengas temores ni esperanzas, expectativas o ansiedad.
Da gracias por todo, sea el que fuera tu destino.
Acepta a todo; acepta a todos y sigue la infalible ley del Buda.
Sé simple y sencillo, no te preocupes en demasía, permanece naturalmente relajado y en paz.
Puedes disparar flechas al cielo si así lo deseas, pero hijo mío, inevitablemente volverán a la tierra”.


Mientras cantaba, las banderas de oraciones flotaban sobre su cabeza y el antiguo molino de plegarias, lleno de cientos de oraciones de mantras inscritos a mano, continuaba girando. El viejo volvió entonces al silencio.


Por: Tony Karam
De su Editorial: Vida contemplativa, Vida activa




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