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Introducción e historia de la meditación con mantras

Viernes 29 de mayo de 2015, por Buddhachannel Es.

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Los mantras son palabras o frases que se cantan en voz alta o, bien, de manera interna, como objetos de la meditación. A menudo, esos mantras se relacionan con alguna figura budista en particular, cuyas cualidades se pueden cultivar mediante la repetición del mantra adecuado.


La meditación con mantras es anterior al surgimiento del budismo, probablemente le antecede por varios cientos de años. El origen de los mantras se remonta al menos a la tradición védica que precedió al Buda, en la cual se empleaban los mantras como conjuros para influir o, incluso, para controlar a los dioses.

A través de la historia, las culturas han creído en el poder sagrado de las palabras y han imaginado que al pronunciar determinados vocablos o nombres podrían controlar el mundo externo o a los poderes invisibles, como los dioses o los espíritus, los cuales se creía que actuaban sobre el mundo. Podemos verlo en palabras como “encantar”, que se deriva del verbo cantar y que se refiere al hechizo que una persona ejerce sobre otra mediante la pronunciación rítmica de ciertos sonidos. En inglés, la palabra “spell” significa “deletrear”, es decir, pronunciar o escribir las letras y sílabas por separado, de manera clara y correcta. Sin embargo, “spell” también significa “hechizar”, o sea, utilizar palabras mágicas para dominar a los demás.

Las palabras “gramática” y “glamour” tienen el mismo significado original. Gramma-techne era el término griego que aludía a la ciencia o arte de las letras. Pasó a nuestro idioma como “gramática” y al inglés llegó como “grammar” pero, por ejemplo, a los escoceses les llegó como “glammer”, que quiere decir “hechizar”. Sin embargo, en el resto de la Gran Bretaña, la palabra glammer pasó como glamour y adquirió acepciones más ligadas al romanticismo y la estética contemporáneas. Es así como los idiomas contienen fosilizaciones que nos dan una noción del modo en que las palabras pueden poseer poderes mágicos.

Esto sucede especialmente con aquellas palabras a las que denominamos “nombres”. En la antigua India se creía que si uno conocía los verdaderos nombres de los dioses podría llamarlos y obligarlos a cumplir sus deseos. Si esto te parece primitivo, imagínate cómo te sentirías si descubrieras que alguien escribió tu nombre en una hoja de papel y la puso en la taza del baño antes de utilizarla y luego le jaló para que todo junto se fuera por el caño. Parece que la mayoría de nosotros todavía conservamos algo de esa creencia en la naturaleza especial de los nombres.

Aunque, en sus inicios, el budismo utilizó los cantos como un modo de práctica y empleó la recitación de versos como una forma de cultivar la atención consciente en las cualidades del Buda (Buddhanusati), parece que el uso de mantras no apareció en el budismo hasta que surgieron las tradiciones del Mahâyâna, las cuales incorporaron elementos de una práctica espiritual no budista, conocida como “Tantra”. El Tantra utilizaba profusamente los mantras para comunicarse con los dioses e influir en ellos y el budismo adoptó esa metodología como un medio para entrar en contacto con las cualidades de la iluminación. El Mahâyâna había desarrollado ya un “panteón” de figuras simbólicas con forma humana, que representaban la diversidad del estado iluminado. Dado su estrecho contacto con las tradiciones tántricas, era natural que estos Budas y Bodhisattvas arquetípicos llegaran a relacionarse con ciertas sílabas y mantras en particular.

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